Matarle un chancho al alcalde en agradecimiento por lo trabajado en un municipio. ¿Será corrupción?

7 julio, 2019 8:11 pm

Miriam Quesada Chavarría

periodicoenlacecr@gmail.com

Quizá este título llame la atención de aquellos que quisieran eliminar prácticas corruptas dentro de los procesos de elecciones al que nos acercamos ya, las elecciones municipales. Quizá, usted que lee este comentario se identifique con el titular porque cree que realizar una labor por la que se paga ¡muuuy! bien, no debería ser recompensada como si fuera la ejecución de un favor hacia una comunidad, o quizá piense que ofrecer una comida es una manera de agradecer.

Tengo ya muchos años encima, con mucho orgullo y con la autoridad de líder comunal, he visto pasar ya muchas administraciones municipales, las que he seguido, admirado y agradecido algunas de sus actuaciones y desdeñado otras.

Cada día de oficina, en las alcaldías de nuestro país, desfilan los líderes comunales; en su mayoría gente sencilla, de escasos recursos, que dejan de percibir el jornal del día, esperan horas para ser atendidos y exponer ante los personeros municipales las necesidades de las comunidades que representan; salir esperanzados pensando que van a recibir respuesta, y a los tres meses volver porque nada se resolvió, y continuar con otra y otra y otra visita a la alcaldía a suplicar ser escuchados y atendidos.  Cada asociación comunal debe pasar este calvario durante años para ver una obra concluida, y si usted estimado lector es dirigente comunal, quizá habrá vivido esta experiencia.

Cuando al fin llega la maquinaria al pueblo, los líderes comunales hacen su mayor esfuerzo económico, como organización y de tiempo, para que el trabajo quede lo mejor posible, que se aproveche hasta el último momento el presupuesto asignado para material, la estadía de la maquinaria en la atención de caminos, colocación de alcantarillas, lastreo, encementados y otros.

He visto vecinos y miembros de juntas directivas de diversas asociaciones,  trabajando durísimo en un turno para generar algunas ganancias, (si se le puede llamar así al trabajo ad-honoren que realizan los miembros de una junta directiva durante ocho días o más para recaudar fondos para las obras comunales);  y vecinos  (que se trasladaron hasta otras zonas del país, para ganar, cogiendo café  u otros trabajos temporales, durante dos o tres meses), tomar de sus ahorros  para comprar un chancho y hacerle una fiesta al alcalde por culminar una obra que se ejecutó con presupuesto nacional.

Curiosamente, matarle un chancho al alcalde, coincide con la proximidad de elecciones municipales.  Esta situación me produce dolor y disgusto, porque reconozco que detrás de todo está la corrupción.  A ver ¿Quién nos enseñó que debemos celebrar el favor de un alcalde para entrar a la comunidad y realizar una obra por la que la junta directiva o algún grupo organizado comunal, gestionó, solicitó por escrito, solicitó visitando la alcaldía insistentemente y hasta rogó? ¿Quién nos enseñó que los líderes comunales deben suplicar para ser escuchados? ¿Por qué en lugar de exigir debemos suplicar? ¿Será porque nos gusta la dulce ignorancia, no conocemos los montos que se le pagan de salario a los alcaldes en cada municipalidad de Costa Rica para que hagan su trabajo, o será que seguimos pensando que quienes están en la gestión pública, porque nosotros elegimos y a los que les pagamos, nos hacen un favor?

Me indigna ver la actitud prepotente de funcionarios que públicamente admiten trabajar con o sin la asociación de desarrollo, procurando el voto de vecinos, aún poner en mal la junta directiva que tiene personería jurídica, que trabaja ad-honoren para representar a la comunidad y luchar por el progreso de esa comunidad, sin más beneficio que las críticas constantes de los vecinos y la frustración de no poder resolver nada; ver funcionarios públicos, disfrutando del estatus que el pueblo les dio para presentar una imagen de poder o líderes comunales que creen que la atención del alcalde es un favor; y peor aun cuando algunos de esos “líderes comunales”  se  convierten en  politiqueros  que van tras de su propio beneficio. 

Estarán pensando que este tipo de corrupción es tan insignificante, comparada a las demás que se dan en el país.  Pero es que insisto, una y otra vez que para que haya corruptos se requieren corruptores; que todos somos responsables de esta cultura de corrupción que reina en Costa Rica y el mundo.  La corrupción no se alimenta en la Asamblea Legislativa con las leyes que aprueban los diputados, ni en las alcaldías con las obras que se realizan. Se alimenta desde abajo, con las personas que, para alcanzar un logro, consideran que requiere lamer botas. Nos involucramos casi inconscientemente en este juego de “yo le doy si usted me da” y dejamos de exigir nuestros derechos y los derechos de las personas que representamos cuando estamos frente a una figura pública. 

La corrupción denigra el ser humano. Despertemos ya, abramos los ojos y veamos conscientemente cuando participamos de actos corruptos, no permitamos ser parte del círculo vicioso que hoy consume al pueblo de Costa Rica y al mundo entero, hagamos la diferencia. Recordemos lo que la canción que desde niños aprendimos significa para nosotros:

¡Derechos sagrados la Patria nos da!

Alina Cordero
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