Especies Invasoras en Costa Rica

31 enero, 2020 8:39 pm

–Por Jack Ewing

En mi primer libro, Monkeys Are Made of Chocolate, hay un capítulo sobre especies invasoras. Según Wikipedia: “Las especies invasoras son animales, plantas u otros organismos que se desarrollan fuera de su área de distribución natural, en hábitats que no le son propios o con una abundancia inusual, produciendo alteraciones en la riqueza y diversidad de los ecosistemas.” Cuando escribí ese capítulo recuerdo que reconté las historias de varios desastres ecológicos provocados por especies invasoras, pero en algún momento noté que todos los ejemplos eran de otros países. No tenía ningún ejemplo de un serio problema con especies invasoras en Costa Rica y que era importante contar de algunos problemas ecológicos nacionales. Pero no pude pensar en ninguna. Llamé un amigo biólogo, pero él tampoco tenía conocimiento de ninguno. Claro que conocíamos algunas especies invasoras, pero ninguna que había resultado en un gran problema. Conocíamos las abejas africanizadas y que eran una gran molestia, pero hasta ese momento no habían causado ningún desastre ecológico. No nos imaginamos los problemas que provocarían en el futuro.

Nuestra experiencia en Hacienda Barú con lo que los biólogos llaman “abejas africanizadas” comenzó hace más de 35 años. Durante la década de 1950, algunos científicos en Brasil importaron unas colmenas de una especie africana extremadamente agresiva con la esperanza de aumentar la producción de miel en Brasil. El problema comenzó en 1957 cuando 26 enjambres escaparon a la naturaleza. Se cruzaron con las abejas melíferas locales, que eran mucho más tranquilas, produciendo así un híbrido. Estos comenzaron a migrarse en todas las direcciones. Cuando llegaron a Costa Rica, a mediados de la década de los 80, eran menos agresivos que las especies africanas originales, pero considerablemente más agresivas que nuestras abejas melíferas locales. Las abejas africanizadas tienen un área defensiva más grande alrededor de la colmena, reaccionan más rápidamente ante cualquier amenaza percibida, reaccionan en grandes cantidades y persiguen a la víctima más lejos. Pronto adquirieron el apodo de “abejas asesinas”, lo que parece apropiado ya que más de 1000 personas y muchos más animales de granja en las Américas han sido asesinados por ellas. A finales de 2019 algunos compañeros de Hacienda Barú fueron perseguidos por más de 150 metros por abejas africanizadas enojadas por el ruido de una motoguaraña que estaban utilizando.

El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) estaba preocupado de que las abejas africanizadas migrarían hasta los Estados Unidos. Decidieron intentar detenerlas en Costa Rica, el punto más angosto del istmo centroamericano. Capacitaron a un grupo de funcionarios del Ministerio de Agricultura de Costa Rica (MAG), así como a los bomberos locales para combatirlas y proporcionaron los recursos necesarios para salarios, vehículos y equipos. Durante un par de meses en 1984, los funcionarios del MAG y el personal del USDA se vieron diariamente en la zona. Eliminaron varias colmenas en la Hacienda Barú. Un día, el USDA recibió el mensaje de que las abejas habían sido reportadas en El Salvador. En 1985 aparecieron en el Valle de San Joaquín en el sur de California, EEUU. En Costa Rica, no quedan nada de las antiguas abejas melíferas de origen europeo que antes producían miel en el país. Solamente quedan las africanizadas.

A partir de enero de 2014, las lapas rojas comenzaron a visitar la Hacienda Barú y sus alrededores de manera regular. A mediados de julio de ese año, el comportamiento de ellos sugirió que podrían estar explorando posibles sitios de anidación. Decidimos de colocar nidos artificiales en cuatro árboles que frecuentaban las grandes aves rojos para ver si podíamos ayudarlas con su esfuerzo para reproducir. Hay muchos tipos de cajas, pero elegimos una de madera que mide 35 cm x 35 cm x 70 cm. Todas fueron montadas alrededor de 20 metros sobre el suelo. Esperamos que las lapas se mudaran, pero eso nunca sucedió. Nunca se acercaron a las cajas. Pensamos que quizás los loros o periquitos los usarían, pero no tuvimos tanta suerte. Las cajas simplemente colgaban allí, vacías, pensamos.

En febrero de 2015, uno de nuestros guías enfocó su telescopio en el orificio de entrada a una caja de anidación para ver si había algo dentro. Lo que vio sorprendió a todos. La caja estaba llena de abejas. No es de extrañar que las lapas rojas no estuvieran interesadas en ellas, e incluso dejaron de visitar los árboles donde colgaban. Una comprobación rápida con binoculares confirmó que todas las cuatro cajas contenían colmenas activas de abejas. Con tantas colmenas en un área tan pequeña, todos competirían por lugares adecuados para establecer nuevas colmenas y se podría esperar que invadirían cualquier cavidad natural en el bosque.

Los bomberos de Quepos no podrían ayudarnos porque no tenían medios para alcanzar una colmena tan alta. Les expliqué que teníamos tres guías que frecuentemente guían a las personas hacia las copas de los árboles en un recorrido que llamamos Escala de Árbol. Cualquiera de ellos podría subir fácilmente a las colmenas. Discutimos varios planes diferentes y consultamos con los guías que tendrían que llevarlos a cabo. Al final, los bomberos nos prestaron un traje de protección que uno de los guías podría usar mientras subía a la caja. El escalador podría llevar una bomba pequeña con una pesticida fuerte que mataría a las abejas al instante. Una vez que las abejas estuvieran muertas, la caja podría dejarse caer al suelo. Los bomberos prefirieron que usemos agua jabonosa, pero me decidí usar la pesticida de acción más rápida por la seguridad del escalador.

Todo salió muy bien. Carlos y Pedro primero pusieron una cuerda sobre una rama cerca de la primera colmena. Luego Carlos se puso el traje, colgó la bomba sobre su hombro y comenzó la larga subida. El traje estaba caliente a pesar de que eran las 06:30 de la mañana. Habían unas pocas abejas volando por el exterior de la colmena que lo atacaron un par de metros antes de llegar a la caja. Los roció y rápidamente subió los últimos pasos. Una vez cerca de la caja, introdujo la boquilla de la bomba dentro del orificio y fumigó el interior. Toda la actividad alrededor de la colmena disminuyó rápidamente y cesó. Todas las abejas, incluida la reina, estaban muertas. Finalmente, quitó las gazas del cable que estaba sosteniendo la caja y la dejó caer al suelo, para luego quemarla. Cada día durante cuatro días repitieron el proceso con las demás cajas.

Me preocupo mucho que las abejas africanizadas están acaparando todas las cavidades naturales en árboles y troncos secos y no quedan lugares donde las lapas y otras especies de aves tales como los tucanes y carpinteros pueden anidar. Conozco un incidente cuando las abejas atacaron dos pichones de lapa roja y los mataron, supuestamente para robarles  el nido artificial donde habían eclosionado. Es muy probable que las abejas están causando problemas serios para la anidación de muchas especies nativas de aves, hay que hacer mucha más investigación para estar seguro. Ojalá que alguna universidad se interese en el tema y monte una amplia investigación.