Grethel Quesada Quesada grethelquesadaq@hotmail.com

Según la mitología griega, Procusto era un posadero que tenía un negocio en las colinas de Ática, Grecia. Allí ofrecía posada a los viajeros solitarios. Cuando estos estaban profundamente dormidos, los amordazaba y ataba a las cuatro esquinas de la cama. Si el viajero era alto y su cuerpo era más largo que la cama, le aserraba las partes del cuerpo que sobresalían, ya sea la cabeza o los pies; pero si era más pequeño, lo descoyuntaba a martillazos hasta estirarlo para que encajara en dicho lecho. Según se dice, nadie coincidía jamás con el tamaño de la cama pues, Procusto, tenía dos, una muy larga y otra muy corta y la ofrecía a sus clientes según la estatura que éstos tuvieran con el fin de que no encajaran en ellas y así, ejecutar su sádico plan.

Esta aterradora leyenda nos lleva a entender una patología emocional que hoy en día existe y se expande por todo el mundo: El síndrome de Procusto, que se define como la intolerancia a la diferencia o a que alguien sea mejor que nosotros. “Procustos” hay muchos hoy en día y son fáciles de reconocer: son los que te quieren obligar a pensar como ellos, si te ven crecer te desaniman, sienten muchos celos cuando otros tienen éxito, les afecta en demasía  cuando alguien más tiene la razón y ellos no, temen enfrentar a las personas que en alguna medida les superan, si ven que alguien tiene potencial, lejos de ayudarles a desarrollarlo lo limitan y critican destructivamente para que crean que no podrán lograr lo que se proponen y así desmotivarlos. Siempre buscan “exterminar” a aquellos que logran sobresalir dentro del montón, no reconocen como válidas las ideas de otros, pues sólo las suyas cuentan y suelen destacar solo lo malo de los demás, nunca lo bueno.

La envidia, la baja autoestima, los altos niveles de frustración, la poca capacidad de controlarse, el miedo al fracaso o a no ser reconocido, el temor al rechazo y hasta el narcisismo, suelen ser aspectos que promueven o desarrollan este síndrome en la gente. Trabajar, relacionarse socialmente y convivir con personas así es muy difícil pues nunca te animarán a progresar, más bien serán piedra de tropiezo ante cualquier indicio de éxito que presentes. Aléjate de ellos, evita contarles tus sueños, triunfos o fracasos, porque si conocen tus anhelos los frustrarán, tus logros los minimizarán y tus errores los maximizarán.

Por otra parte, si te consideras un “Procusto”, busca ayuda profesional a nivel psicológico o espiritual. Una relación de amistad sana te apoyará en tu escalada a la cima, no te aplastará en el proceso. Posiblemente te criticará de manera positiva para que así mejores ciertas cosas y logres tus objetivos, no lo hará con el fin de desanimarte o hacerte retroceder. Las personas con las que nos relacionamos influyen mucho en el cumplimiento de nuestras metas; rodéate de aquellos que te animen a crecer, así como lo menciona la Biblia: “cada cual ayudó a su vecino, y a su hermano dijo: esfuérzate.  Isaías 41:6.

*Imagen tomada de  https://www.rinconpsicologia.com

HUYE DE LOS PROCUSTOS MODERNOS

3 mayo, 2018 11:00 am

Grethel Quesada Quesada grethelquesadaq@hotmail.com

Según la mitología griega, Procusto era un posadero que tenía un negocio en las colinas de Ática, Grecia. Allí ofrecía posada a los viajeros solitarios. Cuando estos estaban profundamente dormidos, los amordazaba y ataba a las cuatro esquinas de la cama. Si el viajero era alto y su cuerpo era más largo que la cama, le aserraba las partes del cuerpo que sobresalían, ya sea la cabeza o los pies; pero si era más pequeño, lo descoyuntaba a martillazos hasta estirarlo para que encajara en dicho lecho. Según se dice, nadie coincidía jamás con el tamaño de la cama pues, Procusto, tenía dos, una muy larga y otra muy corta y la ofrecía a sus clientes según la estatura que éstos tuvieran con el fin de que no encajaran en ellas y así, ejecutar su sádico plan.

Esta aterradora leyenda nos lleva a entender una patología emocional que hoy en día existe y se expande por todo el mundo: El síndrome de Procusto, que se define como la intolerancia a la diferencia o a que alguien sea mejor que nosotros. “Procustos” hay muchos hoy en día y son fáciles de reconocer: son los que te quieren obligar a pensar como ellos, si te ven crecer te desaniman, sienten muchos celos cuando otros tienen éxito, les afecta en demasía  cuando alguien más tiene la razón y ellos no, temen enfrentar a las personas que en alguna medida les superan, si ven que alguien tiene potencial, lejos de ayudarles a desarrollarlo lo limitan y critican destructivamente para que crean que no podrán lograr lo que se proponen y así desmotivarlos. Siempre buscan “exterminar” a aquellos que logran sobresalir dentro del montón, no reconocen como válidas las ideas de otros, pues sólo las suyas cuentan y suelen destacar solo lo malo de los demás, nunca lo bueno.

La envidia, la baja autoestima, los altos niveles de frustración, la poca capacidad de controlarse, el miedo al fracaso o a no ser reconocido, el temor al rechazo y hasta el narcisismo, suelen ser aspectos que promueven o desarrollan este síndrome en la gente. Trabajar, relacionarse socialmente y convivir con personas así es muy difícil pues nunca te animarán a progresar, más bien serán piedra de tropiezo ante cualquier indicio de éxito que presentes. Aléjate de ellos, evita contarles tus sueños, triunfos o fracasos, porque si conocen tus anhelos los frustrarán, tus logros los minimizarán y tus errores los maximizarán.

Por otra parte, si te consideras un “Procusto”, busca ayuda profesional a nivel psicológico o espiritual. Una relación de amistad sana te apoyará en tu escalada a la cima, no te aplastará en el proceso. Posiblemente te criticará de manera positiva para que así mejores ciertas cosas y logres tus objetivos, no lo hará con el fin de desanimarte o hacerte retroceder. Las personas con las que nos relacionamos influyen mucho en el cumplimiento de nuestras metas; rodéate de aquellos que te animen a crecer, así como lo menciona la Biblia: “cada cual ayudó a su vecino, y a su hermano dijo: esfuérzate.  Isaías 41:6.

*Imagen tomada de  https://www.rinconpsicologia.com

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