Autor: Gilbert González Maroto
Indígena de Boruca.

Su mirada huidiza, como pegada al camino polvoriento, como contando sus pasos cortos y rápidos; dejando en sus pisadas un dibujo de pies descalzos, cansados de tanto ir, o de tanto venir. No importa. Porque si va, le acompaña su pobreza; y si viene, tiene que cargarla de regreso para repartirla con su familia.


En sus ojos negros que observan sin mirar, se denota tristeza, cansancio; o tal vez miedo, o a lo mejor desesperanza, lamento y quizás un poco más de tristeza.

Esa es doña Ramona, mujer bribri.

Cuando la conocí, su humilde vivienda tenía pocos minutos de haber sido incendiada por los “blancos” que reclamaban (reclaman) su tierra. Me contó -más bien la escuché, porque ella se lo decía al suelo, y cuando levantaba su mirada, se lo contaba al viento-, como dos días antes fue sacada a la fuerza de su casita. 

Un frondoso árbol de mango era su hogar. Tres láminas de zinc protegían sus hijos-nietos de la lluvia, pero no del viento-frío que tenía a su nieto tiritando de fiebre. De su techo caían hermosos frutos que alivianaban el hambre de su familia. Era el mes de mayo.

Sus palabras tímidas, casi susurradas, era la antítesis de su fortaleza para enfrentar la adversidad, defendiendo su derecho junto a sus hijos y nietos. Pero toda esa fortaleza de derrumbó cuando nos despedimos. 

Sus lágrimas me horadaron la conciencia y me inundaron el alma.

El caso de doña Ramona es una pincelada de la lucha por el derecho-negocio-robo de las tierras indígenas; pero el silencio del indígena es opacado y se lo llevan los vientos de sus bosques, lo diluye la cascada de sus ríos … o se olvida en los largos pasillos judiciales.

Doña Ramona ayer; antes de ayer fue doña Virginia en Chirripó. ¿Quién será mañana y después de mañana? 

Alguien lo está sufriendo hoy.

Pdta: Este es un hecho sucedido hace 21 años en Salitre y creo haberlo escrito hace unos 15 años. Lo comparto, porque las luchas por las tierras siempre estarán vigentes.

EL SILENCIO DE DOÑA RAMONA

28 julio, 2019 10:54 am

Autor: Gilbert González Maroto
Indígena de Boruca.

Su mirada huidiza, como pegada al camino polvoriento, como contando sus pasos cortos y rápidos; dejando en sus pisadas un dibujo de pies descalzos, cansados de tanto ir, o de tanto venir. No importa. Porque si va, le acompaña su pobreza; y si viene, tiene que cargarla de regreso para repartirla con su familia.


En sus ojos negros que observan sin mirar, se denota tristeza, cansancio; o tal vez miedo, o a lo mejor desesperanza, lamento y quizás un poco más de tristeza.

Esa es doña Ramona, mujer bribri.

Cuando la conocí, su humilde vivienda tenía pocos minutos de haber sido incendiada por los “blancos” que reclamaban (reclaman) su tierra. Me contó -más bien la escuché, porque ella se lo decía al suelo, y cuando levantaba su mirada, se lo contaba al viento-, como dos días antes fue sacada a la fuerza de su casita. 

Un frondoso árbol de mango era su hogar. Tres láminas de zinc protegían sus hijos-nietos de la lluvia, pero no del viento-frío que tenía a su nieto tiritando de fiebre. De su techo caían hermosos frutos que alivianaban el hambre de su familia. Era el mes de mayo.

Sus palabras tímidas, casi susurradas, era la antítesis de su fortaleza para enfrentar la adversidad, defendiendo su derecho junto a sus hijos y nietos. Pero toda esa fortaleza de derrumbó cuando nos despedimos. 

Sus lágrimas me horadaron la conciencia y me inundaron el alma.

El caso de doña Ramona es una pincelada de la lucha por el derecho-negocio-robo de las tierras indígenas; pero el silencio del indígena es opacado y se lo llevan los vientos de sus bosques, lo diluye la cascada de sus ríos … o se olvida en los largos pasillos judiciales.

Doña Ramona ayer; antes de ayer fue doña Virginia en Chirripó. ¿Quién será mañana y después de mañana? 

Alguien lo está sufriendo hoy.

Pdta: Este es un hecho sucedido hace 21 años en Salitre y creo haberlo escrito hace unos 15 años. Lo comparto, porque las luchas por las tierras siempre estarán vigentes.