CCSS//Redacción

Las relaciones de pareja tienen muchos matices y avanzan sobre varias etapas de desarrollo emocional conforme transcurre el tiempo. Una de las situaciones más importantes es la decisión de mudarse a vivir juntos.  

¿Cuál es el momento oportuno para compartir cama y mesa? Unas parejas lo toman con calma y la decisión crece con el tiempo mientras otras toman la iniciativa poco después de conocerse.  

Si el tiempo es distinto para cada pareja, surge otra pregunta más general: ¿Hay alguna negociación previa necesaria para que esa convivencia sea más grata y escarmentar por cabeza ajena?  

Los psicólogos de la Caja suelen señalar lo siguiente: la convivencia y cohabitación de pareja cambia todo lo que una persona conocía sobre la otra.  

Esto incluye enfrentar juntos muchas dimensiones y estados de ánimo sin poder evadirlos porque… ya no habrá donde ir. Bajo un mismo techo ya no será lo mismo ir al cine o ir a comer, organizarse todos los días para ir a trabajar, llevar las rutinas de estudiar, decidir qué y cuándo comprar algo o, simplemente, manifestar no estar de acuerdo con lo que dice la pareja adquirirá un matiz diferente si se tiene que convivir con esa persona. 

Implica entonces aprender a dialogar mucho, a escoger entre opciones controversiales sin que alguien sienta que perdió, a enojarse y reconciliarse en armonía, a decidir la mejor opción para la pareja, a vivir la espiritualidad y crecer en la sexualidad entre otras muchas dinámicas que, con el tiempo juntos, van a tomar significados diferentes.  

Así, las siguientes preguntas pueden ser ilustrativas sobre la forma en que cada uno piensa, siente y actúa al respecto de situaciones que han representado tensiones para otras parejas.   

Hablar de esas dinámicas de pareja puede ahorrarles malos momentos o puede llevar a definir si es necesario pensar en algún tipo de acompañamiento profesional para procurar negociar soluciones o alternativas de solución.  

 

Ocho preguntas claves para definir una relación de pareja a largo plazo

Las ocho preguntas claves antes de vivir juntos que les proponemos son las siguientes:

  • El dinero: ¿Quién va a pagar qué?
  • Las tareas del hogar compartidas: ¿Quién va a hacer qué? 
  • El trabajo y el tiempo libre: ¿Van a llevar trabajo a la casa? ¿Tienen por costumbre hacer horas extras? ¿Es adicto al trabajo y no puede dejar la conexión por celular? 
  • La interacción con la familia: ¿Cuál va a ser la relación con la familia política? 
  • La religión y los hijos: ¿Cuál credo les será inculcado a los hijos? 
  • Chispas de la convivencia: ¿Qué te molesta de mí?
  • Las mascotas y la vida familiar: ¿Vamos a tener mascotas, con cuáles reglas y quién se encarga de ellas? 
  • Los antecedentes médicos: ¿Qué hay en la historia personal o familiar que pueda afectarnos en la relación o en la vida de los hijos? 

Puede haber otras preguntas, pero este es un buen comienzo: además note lo siguiente: si la pareja puede superar este cuestionario, hablándose sinceramente, sin agitarse y sin recriminarse, es un buen signo de comunicación y organización. Con las reglas claras es mejor comenzar la vida en conjunto. ¡Felicidades! 

Otro comentario científico antes de terminar: los estudios sobre el cerebro dicen claramente que, durante la fase del primer enamoramiento, uno está tan embelesado en las emociones color de rosa del enamoramiento que es casi imposible ver a la persona tal cual es.  

Es por eso que debe pasar un tiempo, que puede ser incluso de dos años, para que la persona sea capaz de ver a su pareja con todo criterio de realidad y descubrirlo en todas sus dimensiones. Antes de eso, ocurre una idealización donde todo es hermoso. Por lo tanto, conociendo esa información, cada uno puede saber si es bueno precipitarse o no y aprender a tomar decisiones con mayor certeza o con mayor incertidumbre. 

¿Quién lavará los platos?

17 marzo, 2020 5:57 am

CCSS//Redacción

Las relaciones de pareja tienen muchos matices y avanzan sobre varias etapas de desarrollo emocional conforme transcurre el tiempo. Una de las situaciones más importantes es la decisión de mudarse a vivir juntos.  

¿Cuál es el momento oportuno para compartir cama y mesa? Unas parejas lo toman con calma y la decisión crece con el tiempo mientras otras toman la iniciativa poco después de conocerse.  

Si el tiempo es distinto para cada pareja, surge otra pregunta más general: ¿Hay alguna negociación previa necesaria para que esa convivencia sea más grata y escarmentar por cabeza ajena?  

Los psicólogos de la Caja suelen señalar lo siguiente: la convivencia y cohabitación de pareja cambia todo lo que una persona conocía sobre la otra.  

Esto incluye enfrentar juntos muchas dimensiones y estados de ánimo sin poder evadirlos porque… ya no habrá donde ir. Bajo un mismo techo ya no será lo mismo ir al cine o ir a comer, organizarse todos los días para ir a trabajar, llevar las rutinas de estudiar, decidir qué y cuándo comprar algo o, simplemente, manifestar no estar de acuerdo con lo que dice la pareja adquirirá un matiz diferente si se tiene que convivir con esa persona. 

Implica entonces aprender a dialogar mucho, a escoger entre opciones controversiales sin que alguien sienta que perdió, a enojarse y reconciliarse en armonía, a decidir la mejor opción para la pareja, a vivir la espiritualidad y crecer en la sexualidad entre otras muchas dinámicas que, con el tiempo juntos, van a tomar significados diferentes.  

Así, las siguientes preguntas pueden ser ilustrativas sobre la forma en que cada uno piensa, siente y actúa al respecto de situaciones que han representado tensiones para otras parejas.   

Hablar de esas dinámicas de pareja puede ahorrarles malos momentos o puede llevar a definir si es necesario pensar en algún tipo de acompañamiento profesional para procurar negociar soluciones o alternativas de solución.  

 

Ocho preguntas claves para definir una relación de pareja a largo plazo

Las ocho preguntas claves antes de vivir juntos que les proponemos son las siguientes:

  • El dinero: ¿Quién va a pagar qué?
  • Las tareas del hogar compartidas: ¿Quién va a hacer qué? 
  • El trabajo y el tiempo libre: ¿Van a llevar trabajo a la casa? ¿Tienen por costumbre hacer horas extras? ¿Es adicto al trabajo y no puede dejar la conexión por celular? 
  • La interacción con la familia: ¿Cuál va a ser la relación con la familia política? 
  • La religión y los hijos: ¿Cuál credo les será inculcado a los hijos? 
  • Chispas de la convivencia: ¿Qué te molesta de mí?
  • Las mascotas y la vida familiar: ¿Vamos a tener mascotas, con cuáles reglas y quién se encarga de ellas? 
  • Los antecedentes médicos: ¿Qué hay en la historia personal o familiar que pueda afectarnos en la relación o en la vida de los hijos? 

Puede haber otras preguntas, pero este es un buen comienzo: además note lo siguiente: si la pareja puede superar este cuestionario, hablándose sinceramente, sin agitarse y sin recriminarse, es un buen signo de comunicación y organización. Con las reglas claras es mejor comenzar la vida en conjunto. ¡Felicidades! 

Otro comentario científico antes de terminar: los estudios sobre el cerebro dicen claramente que, durante la fase del primer enamoramiento, uno está tan embelesado en las emociones color de rosa del enamoramiento que es casi imposible ver a la persona tal cual es.  

Es por eso que debe pasar un tiempo, que puede ser incluso de dos años, para que la persona sea capaz de ver a su pareja con todo criterio de realidad y descubrirlo en todas sus dimensiones. Antes de eso, ocurre una idealización donde todo es hermoso. Por lo tanto, conociendo esa información, cada uno puede saber si es bueno precipitarse o no y aprender a tomar decisiones con mayor certeza o con mayor incertidumbre.