La primera vez que conocí Hacienda Barú, hace más de 50 años fue también la primera vez que vi el océano y me emocioné mucho. Entré a la playa por medio de la calle de la Guapil y quedé con la boca abierta a ver la enormidad del mar, las olas, los pelícanos, la playa, y todo. No sabiendo nada del ambiente marino excepto lo que había leído y visto en el cine, decidí de no meterme en el agua, pero la curiosidad me llevo a caminar por la playa a ver que podría encontrar. Aparte de unas piedritas bonitas, unas pequeñas conchas, unos cangrejos ermitaños, también conocido como colonchos, no vi nada especial hasta llegar a un pequeño arroyo que venía desde arriba, pasó sobre la arena, y desapareció entre las aguas del océano pacifico. Quité los tenis y caminé hacia arriba descalzo entre el agua fresca hasta llegar a una poza poco profunda con árboles de mangle alrededor. Unas garzas bueyeras se espantaron y salieron volando. En una esquina de la poza entro una suave corriente de agua. Luego descubrí que más arriba había varias pozas de diferentes tamaños. El origen del agua se encontraba alrededor de 800 metros de la playa desde una naciente ubicada muy arriba y rodeado por bosque. La naciente se secaba en verano y crecía mucho en la temporada lloviosa, especialmente después de un aguacero fuerte. Durante los meses con poca lluvia la acción de las olas del mar amontonaba una gran cantidad de arena que formaba una presa que no permitía el paso de agua desde la quebrada a la playa.

Con las primeras lluvias de abril las pozas se llenaron de nuevo, pero el agua no empezó a correr con buena fuerza hasta los fuertes aguaceros de mayo y esas tormentas llenaron la quebrada con agua que bajaba con a una velocidad y fuerza suficiente para romper la presa de arena y salir a la playa. Una vez rota la presa de arena, el agua continuaba pasando sobre la playa hasta el inicio de la próxima temporada seca. Esto sucedió todos los años hasta el 1997 que era el año más seco durante todo el tiempo que tenemos de medir la precipitación diaria, o sea desde el año 1981 hasta ahora. El promedio de precipitación anual es de 4,249 mm, pero en el año 1997 llovió apenas 2,622 mm. Fue el primer año cuando no hubo suficiente agua para romper la presa de arena en la boca de la quebrada y permitir la salida del agua a la playa. Durante ese año la acción de las olas del mar amontonó tanta arena que la presa llegó a tener 35 metros de grueso y el agua no volvió a salir a la playa durante la temporada lloviosa nunca más hasta hoy en día. Con las lluvias de 1998 y sin ninguna salida el agua de la quebrada inundó senderos turísticos, un palmar y una casa de habitación. Por fin el agua abrió paso por una parte baja y llegó hasta un humedal. El año siguiente el humedal creció tanto que por fin rebalsó y formo una salida del agua hasta un manglar que extiende aproximadamente kilómetro y medio hasta la boca del río Barú y el mar.

El agua siempre busca el lugar de menos resistencia y, en este caso, durante dos años, formó un desvío largo que permitió que el agua de la quebrada siempre llegara al océano pacifico, pero no directamente por la playa sino por el río Barú a una distancia de dos kilómetros de la boca de la quebrada. Ecológicamente no observamos cambios grandes. Algunos árboles se secaron y otras clases de vegetación aparecieron. Siempre había caimanes, cocodrilos, garzas de varias clases, saínos, mapaches, pizotes, guatusas, iguanas y muchos más. Los animales se acostumbraron a moverse a las tierras más arriba en la temporada lloviosa y volver a las partes bajas en verano. Pero no observamos la desaparición de ninguna especie.

La Madre Naturaleza cambia constantemente y esto afecta todas las especies, pero el ecosistema siempre llega a un equilibrio dinámico y a mí me fascina observarlo.

 

Por Jack Ewing

UN DESVIO LARGO PARA LLEGAR AL MAR

7 noviembre, 2022 11:04 am

 

La primera vez que conocí Hacienda Barú, hace más de 50 años fue también la primera vez que vi el océano y me emocioné mucho. Entré a la playa por medio de la calle de la Guapil y quedé con la boca abierta a ver la enormidad del mar, las olas, los pelícanos, la playa, y todo. No sabiendo nada del ambiente marino excepto lo que había leído y visto en el cine, decidí de no meterme en el agua, pero la curiosidad me llevo a caminar por la playa a ver que podría encontrar. Aparte de unas piedritas bonitas, unas pequeñas conchas, unos cangrejos ermitaños, también conocido como colonchos, no vi nada especial hasta llegar a un pequeño arroyo que venía desde arriba, pasó sobre la arena, y desapareció entre las aguas del océano pacifico. Quité los tenis y caminé hacia arriba descalzo entre el agua fresca hasta llegar a una poza poco profunda con árboles de mangle alrededor. Unas garzas bueyeras se espantaron y salieron volando. En una esquina de la poza entro una suave corriente de agua. Luego descubrí que más arriba había varias pozas de diferentes tamaños. El origen del agua se encontraba alrededor de 800 metros de la playa desde una naciente ubicada muy arriba y rodeado por bosque. La naciente se secaba en verano y crecía mucho en la temporada lloviosa, especialmente después de un aguacero fuerte. Durante los meses con poca lluvia la acción de las olas del mar amontonaba una gran cantidad de arena que formaba una presa que no permitía el paso de agua desde la quebrada a la playa.

Con las primeras lluvias de abril las pozas se llenaron de nuevo, pero el agua no empezó a correr con buena fuerza hasta los fuertes aguaceros de mayo y esas tormentas llenaron la quebrada con agua que bajaba con a una velocidad y fuerza suficiente para romper la presa de arena y salir a la playa. Una vez rota la presa de arena, el agua continuaba pasando sobre la playa hasta el inicio de la próxima temporada seca. Esto sucedió todos los años hasta el 1997 que era el año más seco durante todo el tiempo que tenemos de medir la precipitación diaria, o sea desde el año 1981 hasta ahora. El promedio de precipitación anual es de 4,249 mm, pero en el año 1997 llovió apenas 2,622 mm. Fue el primer año cuando no hubo suficiente agua para romper la presa de arena en la boca de la quebrada y permitir la salida del agua a la playa. Durante ese año la acción de las olas del mar amontonó tanta arena que la presa llegó a tener 35 metros de grueso y el agua no volvió a salir a la playa durante la temporada lloviosa nunca más hasta hoy en día. Con las lluvias de 1998 y sin ninguna salida el agua de la quebrada inundó senderos turísticos, un palmar y una casa de habitación. Por fin el agua abrió paso por una parte baja y llegó hasta un humedal. El año siguiente el humedal creció tanto que por fin rebalsó y formo una salida del agua hasta un manglar que extiende aproximadamente kilómetro y medio hasta la boca del río Barú y el mar.

El agua siempre busca el lugar de menos resistencia y, en este caso, durante dos años, formó un desvío largo que permitió que el agua de la quebrada siempre llegara al océano pacifico, pero no directamente por la playa sino por el río Barú a una distancia de dos kilómetros de la boca de la quebrada. Ecológicamente no observamos cambios grandes. Algunos árboles se secaron y otras clases de vegetación aparecieron. Siempre había caimanes, cocodrilos, garzas de varias clases, saínos, mapaches, pizotes, guatusas, iguanas y muchos más. Los animales se acostumbraron a moverse a las tierras más arriba en la temporada lloviosa y volver a las partes bajas en verano. Pero no observamos la desaparición de ninguna especie.

La Madre Naturaleza cambia constantemente y esto afecta todas las especies, pero el ecosistema siempre llega a un equilibrio dinámico y a mí me fascina observarlo.

 

Por Jack Ewing