En el pueblo, con muchos ranchos construidos de paja y chonta, se encontraba la  escuela, la iglesia y entre las dos, la plaza, en donde los niños jugaban en los recreos; y en las tardes de verano, los del pueblo jugaban al fútbol.

En la esquina de la plaza, estaba un gran árbol de almendro milenario, que convertía su follaje verde en un oasis en los tiempos del verano y una sombrilla en los tiempos del invierno.

Las grandes raíces que lo amarraban a la tierra para que los vientos marinos no lo desplomaran, parecían carreteras por donde transitaban las hormigas zompopas, transportando partes de las rosas del bello jardín de la escuela.

Los niños colocaban sus meriendas y sus bultos de escuela bajo la sombra del viejo almendro. Lo extraño era que cuando iban a recoger sus meriendas faltaban los alimentos y de sus bultos desaparecían lápices de colores y algunos cuadernos.

Los niños, preocupados por lo que sucedía, un día solícitaron ayuda a la guardia de perros. Estos se colocaron alrededor de la plaza desde que los rayos del sol aparecían por entre las lomas, hasta que se ahogaba del otro lado del mar. Otra patruya, salió junto con la luna llena y esperó que el día llegara,  sin embargo no fue posible detectar el ladronzuelo que se comía merienda de los niños y se llevaba lápices y hojas de cuaderno.

Un día apareció, en la plaza, una hoja de cuaderno con bellos dibujos, la luna, el sol, la montaña, los monos y hasta tortugas.

Los niños ya no tenían ni lápices de color, todo se lo había llevado el ladronzuelo; entonces pidieron ayuda a la policia de gatos, quienes se armaron en grupos para detener el ladroncillo  que se comía la merienda y se llevaba los lápices y cuadernos. Pasaron una noche al rededor de la plaza y no lograron detectar ningún malhechor que hiciera daños. Pero al día siguiente otra vez los niños sin golosinas. El ladroncillo volvió de nuevo a sus andanzas.

Un gato viejo conocido como Melitón se escondió en una esquina de la plaza y en medio de las tinieblas, con la luz de las estrellas, logró detectar un pequeño agujero en las raíces del viejo almendro.

Al otro día por la mañana se escondió detrás de una raíz para vigilar donde los niños  colocaban sus meriendas. A poco rato apareció un pequeño animalito, que moviendo su naricilla iba oliendo cada una de las meriendas y escogía los mejores alimentos y los sacaba de los botes, los colocaba en el pasto y luego con un gran silbido hacía que una cuadrilla de compañeros llegara a recoger los alimentos, los acuadernos y lápices de colores. Todos corrían y recogían y se escondían por el agujero que estaba a en las raíz del viejo almendro.

El gato Melitón le contó a todos sus amigos, se organizaron para perseguir al ladroncillo ,  pero por más esfuerzo que realizaron no lograron capturar al ladrón del almendro que tiene una hermosa casa y vive muy feliz con su familia en la raíz del viejo almendro en la esquina de la plaza del pintoresco pueblo, que todas las tardes se  pinta a con los rayos del sol.            

LITERATURA REGIONAL: EL LADRÓN DEL ALMENDRO

6 abril, 2019 12:10 pm

 En el pueblo, con muchos ranchos construidos de paja y chonta, se encontraba la  escuela, la iglesia y entre las dos, la plaza, en donde los niños jugaban en los recreos; y en las tardes de verano, los del pueblo jugaban al fútbol.

En la esquina de la plaza, estaba un gran árbol de almendro milenario, que convertía su follaje verde en un oasis en los tiempos del verano y una sombrilla en los tiempos del invierno.

Las grandes raíces que lo amarraban a la tierra para que los vientos marinos no lo desplomaran, parecían carreteras por donde transitaban las hormigas zompopas, transportando partes de las rosas del bello jardín de la escuela.

Los niños colocaban sus meriendas y sus bultos de escuela bajo la sombra del viejo almendro. Lo extraño era que cuando iban a recoger sus meriendas faltaban los alimentos y de sus bultos desaparecían lápices de colores y algunos cuadernos.

Los niños, preocupados por lo que sucedía, un día solícitaron ayuda a la guardia de perros. Estos se colocaron alrededor de la plaza desde que los rayos del sol aparecían por entre las lomas, hasta que se ahogaba del otro lado del mar. Otra patruya, salió junto con la luna llena y esperó que el día llegara,  sin embargo no fue posible detectar el ladronzuelo que se comía merienda de los niños y se llevaba lápices y hojas de cuaderno.

Un día apareció, en la plaza, una hoja de cuaderno con bellos dibujos, la luna, el sol, la montaña, los monos y hasta tortugas.

Los niños ya no tenían ni lápices de color, todo se lo había llevado el ladronzuelo; entonces pidieron ayuda a la policia de gatos, quienes se armaron en grupos para detener el ladroncillo  que se comía la merienda y se llevaba los lápices y cuadernos. Pasaron una noche al rededor de la plaza y no lograron detectar ningún malhechor que hiciera daños. Pero al día siguiente otra vez los niños sin golosinas. El ladroncillo volvió de nuevo a sus andanzas.

Un gato viejo conocido como Melitón se escondió en una esquina de la plaza y en medio de las tinieblas, con la luz de las estrellas, logró detectar un pequeño agujero en las raíces del viejo almendro.

Al otro día por la mañana se escondió detrás de una raíz para vigilar donde los niños  colocaban sus meriendas. A poco rato apareció un pequeño animalito, que moviendo su naricilla iba oliendo cada una de las meriendas y escogía los mejores alimentos y los sacaba de los botes, los colocaba en el pasto y luego con un gran silbido hacía que una cuadrilla de compañeros llegara a recoger los alimentos, los acuadernos y lápices de colores. Todos corrían y recogían y se escondían por el agujero que estaba a en las raíz del viejo almendro.

El gato Melitón le contó a todos sus amigos, se organizaron para perseguir al ladroncillo ,  pero por más esfuerzo que realizaron no lograron capturar al ladrón del almendro que tiene una hermosa casa y vive muy feliz con su familia en la raíz del viejo almendro en la esquina de la plaza del pintoresco pueblo, que todas las tardes se  pinta a con los rayos del sol.