José Miguel Bolaños Villalobos Artista visual y Docente

Adquirir conocimiento y expandirlo aún más, es una cualidad que nos caracteriza a los seres humanos, y depende de nosotros mismos desarrollar dicha capacidad. Nadie puede aprender, o formarse, o hacerse culto en algo, por nosotros.

Personalmente, desde pequeño quise ser artista, porque amaba dibujar. Era gratificante para mí, ver mis creaciones plasmadas en pequeños cuadernos de hojas blancas que me regalaban mis padres. Crear imágenes fue y sigue siendo una de mis necesidades internas más fuertes y constantes. Por esa razón me formé como artista visual. Soy grabador, pintor, amo el dibujo, y tengo afecto por la fotografía.

Y al hacerme profesor descubrí que también amo transmitir lo que he aprendido. Pero también existen otros tipos de arte, así como también otros quehaceres, profesiones y oficios, los cuales también son vehículo de la expresión del espíritu humano, ya que sirven a hombres y a mujeres para desarrollar sus capacidades, y realizarse como personas.

Gracias a Dios pude estudiar lo que deseaba, pero al hacerlo también temía por mi futuro, porque sabía que, para un artista de cualquier disciplina en este país, salarialmente los escenarios son escasos y/o poco fértiles. Sin embargo, decidí formarme como artista por una necesidad más apremiante que la económica: lo hice por no renunciar a correr tras lo que amé desde niño, porque para esto nací.

Ahora permítame preguntarle con todo respeto: ¿Lo que hace hoy tiene que ver con lo que soñó en su infancia? ¿Por qué se dedica a lo que hace?, y discúlpeme por favor por esta última pregunta: sinceramente, ¿Ama y le llena de plenitud lo que hace, o se dedica a ello más que todo por el dinero que le produce?

No juzgo ninguna profesión, oficio, o forma del saber, como buena o mala, al contrario, creo sinceramente, que así como todas nos permiten procurarnos el sustento necesario, también, cuando nos dedicamos a ellas, todas aportan un valor agregado a nuestra dignidad que de por sí ya poseemos al nacer, porque lo que cada uno sabe y realiza como trabajo, también le dignifica.

Pero sí creo que es falso, y aún más, peligroso, un concepto erróneo que se ha instalado en el inconsciente colectivo, es decir, que socialmente hoy creemos que cualquier forma del saber que no produzca una remuneración alta, no es útil para la vida, porque hemos caído en la desgracia de medirnos a nosotros mismos y a los demás, como exitosos, plenos, y dignos (o todo lo contrario), en función de lo que se percibe económicamente producto de nuestro saber y trabajo. Nos hemos reducido a vernos como vendedores y clientes, y las profesiones y labores que generan más réditos, son las más respetables, así como quienes se dedican a ellas. Hemos caído en el grave error y la desgracia, de creer que lo queramos llegar a ser en esta vida, nos dará éxito y dignidad en función del dinero que lleguemos a ganar con ello.

Muy probablemente, usted haya dado o recibido frases como las siguientes: Vea, mejor no estudie nada que tenga que ver con arte, ni filosofía, ni ciencias sociales, porque todas esas vainas, no dejan nada de plata, y no valen la pena. Ni que se diga de los oficios: ¿Carpintería?, ¿zapatería? (etc.) ¿De qué piensa vivir con eso? Pensamientos como estos estigmatizan, a las personas que tienen inclinaciones hacia estas formas del saber o del quehacer, y que pueden también con esfuerzo, llegar a especializarse y ser muy exitosos en lo que hacen, tal vez no socialmente, pero sí como individuos, por el mero hecho de que llegan convertirse en aquello que los mueve interiormente. Es que esto debe tratarse de lo que se ama, más que del dinero.

En cuanto a mí, el enseñar a otros lo que sé, para que también crezcan, y ojalá al punto de superarme a mí mismo, es algo que no cambio por nada, porque aunque mi remuneración económica no es muy alta, mi recompensa emocional sí lo es: atesoro en mi interior cuando alguien que ha aprendido o aprende algo gracias a lo que le enseño, se dirige a mí y me dice: – profe, muchas gracias por enseñarme a dibujar, o por sembrar en mí, el amor por la acuarela -, o cuando me dicen: – gracias por ayudarme a descubrir que tengo habilidad y soy sensible para la fotografía -.

Ciertamente no sacaremos algo material cuando nos vayamos, sólo podremos llevarnos lo que hicimos y lo humanos que eso nos hizo. Así que, no todo es plata, señoras y señores, lo que sueña el corazón también cuenta.

 

                                                     

Lo que sueña el corazón también cuenta

12 febrero, 2021 2:55 pm

 

José Miguel Bolaños Villalobos Artista visual y Docente

Adquirir conocimiento y expandirlo aún más, es una cualidad que nos caracteriza a los seres humanos, y depende de nosotros mismos desarrollar dicha capacidad. Nadie puede aprender, o formarse, o hacerse culto en algo, por nosotros.

Personalmente, desde pequeño quise ser artista, porque amaba dibujar. Era gratificante para mí, ver mis creaciones plasmadas en pequeños cuadernos de hojas blancas que me regalaban mis padres. Crear imágenes fue y sigue siendo una de mis necesidades internas más fuertes y constantes. Por esa razón me formé como artista visual. Soy grabador, pintor, amo el dibujo, y tengo afecto por la fotografía.

Y al hacerme profesor descubrí que también amo transmitir lo que he aprendido. Pero también existen otros tipos de arte, así como también otros quehaceres, profesiones y oficios, los cuales también son vehículo de la expresión del espíritu humano, ya que sirven a hombres y a mujeres para desarrollar sus capacidades, y realizarse como personas.

Gracias a Dios pude estudiar lo que deseaba, pero al hacerlo también temía por mi futuro, porque sabía que, para un artista de cualquier disciplina en este país, salarialmente los escenarios son escasos y/o poco fértiles. Sin embargo, decidí formarme como artista por una necesidad más apremiante que la económica: lo hice por no renunciar a correr tras lo que amé desde niño, porque para esto nací.

Ahora permítame preguntarle con todo respeto: ¿Lo que hace hoy tiene que ver con lo que soñó en su infancia? ¿Por qué se dedica a lo que hace?, y discúlpeme por favor por esta última pregunta: sinceramente, ¿Ama y le llena de plenitud lo que hace, o se dedica a ello más que todo por el dinero que le produce?

No juzgo ninguna profesión, oficio, o forma del saber, como buena o mala, al contrario, creo sinceramente, que así como todas nos permiten procurarnos el sustento necesario, también, cuando nos dedicamos a ellas, todas aportan un valor agregado a nuestra dignidad que de por sí ya poseemos al nacer, porque lo que cada uno sabe y realiza como trabajo, también le dignifica.

Pero sí creo que es falso, y aún más, peligroso, un concepto erróneo que se ha instalado en el inconsciente colectivo, es decir, que socialmente hoy creemos que cualquier forma del saber que no produzca una remuneración alta, no es útil para la vida, porque hemos caído en la desgracia de medirnos a nosotros mismos y a los demás, como exitosos, plenos, y dignos (o todo lo contrario), en función de lo que se percibe económicamente producto de nuestro saber y trabajo. Nos hemos reducido a vernos como vendedores y clientes, y las profesiones y labores que generan más réditos, son las más respetables, así como quienes se dedican a ellas. Hemos caído en el grave error y la desgracia, de creer que lo queramos llegar a ser en esta vida, nos dará éxito y dignidad en función del dinero que lleguemos a ganar con ello.

Muy probablemente, usted haya dado o recibido frases como las siguientes: Vea, mejor no estudie nada que tenga que ver con arte, ni filosofía, ni ciencias sociales, porque todas esas vainas, no dejan nada de plata, y no valen la pena. Ni que se diga de los oficios: ¿Carpintería?, ¿zapatería? (etc.) ¿De qué piensa vivir con eso? Pensamientos como estos estigmatizan, a las personas que tienen inclinaciones hacia estas formas del saber o del quehacer, y que pueden también con esfuerzo, llegar a especializarse y ser muy exitosos en lo que hacen, tal vez no socialmente, pero sí como individuos, por el mero hecho de que llegan convertirse en aquello que los mueve interiormente. Es que esto debe tratarse de lo que se ama, más que del dinero.

En cuanto a mí, el enseñar a otros lo que sé, para que también crezcan, y ojalá al punto de superarme a mí mismo, es algo que no cambio por nada, porque aunque mi remuneración económica no es muy alta, mi recompensa emocional sí lo es: atesoro en mi interior cuando alguien que ha aprendido o aprende algo gracias a lo que le enseño, se dirige a mí y me dice: – profe, muchas gracias por enseñarme a dibujar, o por sembrar en mí, el amor por la acuarela -, o cuando me dicen: – gracias por ayudarme a descubrir que tengo habilidad y soy sensible para la fotografía -.

Ciertamente no sacaremos algo material cuando nos vayamos, sólo podremos llevarnos lo que hicimos y lo humanos que eso nos hizo. Así que, no todo es plata, señoras y señores, lo que sueña el corazón también cuenta.