Millas extra (segunda parte)

27 octubre, 2020 12:37 pm

José Miguel Bolaños Villalobos Artista visual y Docente

Anteriormente, hablé de la realidad que vivimos los docentes del MEP, desde el inicio de la cuarentena y cómo desde la virtualidad, hemos sido sometidos a jornadas extensas, aportando en muchos casos los insumos necesarios de nuestros propios bolsillos, y otras situaciones reales más.

Hoy continúo hablando de lo que me consta por la experiencia directa, desde mi rol como padre de dos estudiantes, así como de lo que he escuchado de otros padres de familia y docentes sobre situaciones que viven sus alumnos en torno a la virtualidad.

Una de las primeras cosas que experimentaron los estudiantes y sus familias con la virtualidad, fue la urgencia por aprender a moverse en ella: el uso de plataformas, el ingreso a clases, las descargas de material de estudio, los métodos digitales de entrega de tareas, y otras acciones más propias de este ámbito, pusieron de cabeza a muchos, y con esto, más de uno sintió que era el último en la carrera por lograr el dominio de un sistema tecnológico, que le fue puesto en las manos, con premura, y sin una inducción previa. Un estrés de lo más soñado, en su más pura esencia.

Adicional a esto, y para el caso de los estudiantes de educación pública, tal vez con la intención de traer calma a los hogares, en el inicio, el MEP anunció que el proceso de educación a distancia no tendría una evaluación de carácter sumatorio, sino formativo, ya que lo importante consistía en que los estudiantes no perdieran el vínculo con las instituciones de estudio ni abandonaran sus procesos por perder su sentido de pertenencia.

Esto no está del todo mal, si este discurso se hubiera mantenido a lo largo del curso lectivo, lo cual no sucedió, ya que en el mes de julio, el MEP ordenó que debían entregarse a las familias, informes descriptivos de desempeño de los estudiantes, en sustitución de las tradicionales calificaciones, pero bajo la premisa de que aquellos estudiantes que no hubiesen entregado evidencias de trabajo a lo largo del primer período, debían ser sujetos de un protocolo llamado de alerta temprana, que básicamente consiste en la denuncia de estudiantes y sus familias que incumplan con los deberes académicos, y dicho protocolo implica entre otros procedimientos, la entrega de un reporte de la situación al PANI, para que éste haga una intervención en tales hogares.

Es que con el anuncio de que no habrían calificaciones tal y como las conocemos, se produjo un desinterés, basado en la confianza de que no había por qué preocuparse (¡Mal de los ticos!), y el cambio de opinión repentino del Ministerio de Educación Pública, puso en carreras y estrés a todos, y muy especialmente a los estudiantes que se habían dormido en los laureles de esta confianza tan desconfiable.

Con esto me llegué a preguntar: ¿Por qué desde el inicio, el MEP no fue más serio, y puso las reglas claras para todos, en vez de improvisar sus decisiones? y, ¿Qué provecho tiene todo este recargo de trabajo de última hora para los estudiantes y sus familias, así como para los profesores y el mismo PANI? Esto trajo gran presión y desgaste que se pudo evitar.

Por otro lado, también existen situaciones no menos complejas que han vivido muchas familias, ante la pérdida de trabajo, o reducciones de jornadas laborales. Muchos han dejado de percibir sus ingresos total o parcialmente, y hoy no tienen las mismas condiciones de acceso de conexión a la virtualidad, para lo cual existe una solución práctica, que consiste en que las familias reporten sus nuevas circunstancias a las instituciones educativas, para que estas últimas les entreguen impresos, todos los materiales de estudio de las diferentes materias que cursan sus hijos.

Esta es una solución efectiva, mas no del todo práctica, ya que en muchos casos, al recibirse un material impreso para ser estudiado y resuelto, no soluciona al menos con prontitud, el inconveniente de las dudas que puedan surgir en torno a los temas de estudio o a las instrucciones de los ejercicios, lo cual entorpece la fluidez del proceso de aprendizaje, volviéndolo lento y/o azaroso para los estudiantes.

Podría escribir más, pero en conclusión, el MEP invirtió mucho en la virtualidad, y eso debe reconocerse, aunque también han hecho falta directrices claras y atinadas, para que las millas extra que se recorran, tengan sentido.