En el Tiempo de las Vacas Gordas

Por: Jack Ewing

Una linda mañana arranqué el chapulín, enganché la chapeadora y fui a un repasto lleno con maleza. Mi hijo Chris se sentó en el guardabarros del tractor. Primero cortamos una faja por el perímetro del repasto y luego continuamos dando vueltas. Mas o menos a la mitad  de la segunda vuelta Chris me tocó el hombro y señaló al cielo en dirección del manglar. “Mire papi, vienen las garzas”. Un grupo de garcillas bueyeras salieron de su típica formación de vuelo y descendieron, dilatando sus alas para aterrizar en la recién cortada vegetación, cerca del tractor.

En ese tiempo, a finales de los 70, éstas eran las aves más abundantes en Hacienda Barú. Su historia es fascinante. La garcilla bueyera es originaria de África. Los ornitólogos especulan que las primeras en llegar a las Américas fueron transportadas desde el otro lado del Océano Atlántico por una tormenta. Además, creen que esto podría haber ocurrido en varias ocasiones, pero hasta finales de los años 1800, las condiciones en el nuevo mundo no eran oportunas para las garzas. La primera observación oficialmente registrada fue en Surinam en el año 1877. Para aquel entonces había algo de deforestación y la creación de ganaderías en Sudamérica, y esto dio a las garcillas bueyeras la oportunidad de establecer una población viable. ¿En Costa Rica, para el año 1954 se realizaron las primeras observaciones de estas garzas?

¿Por qué son esenciales las deforestaciones y la presencia del ganado para la supervivencia de esta especie? Solamente necesita observar las garzas alimentándose para comprender la razón. El ganado vacuno y los caballos pastorean con sus cabezas abajo, moviéndose despacio por un pastizal y perturbando insectos dentro del pasto. Las garzas caminan junto con el ganado, arrebatando saltamontes, grillos y cualquier otro insecto grande, reptiles y

anfibios pequeños que huyen de los pies de los animales. Las he visto alimentarse de gusanos que atacan los zacates de los potreros. Los agricultores experimentados saben que, si los gusanos atacan las plantas de arroz, no hay necesidad de fumigar con insecticida, porque pronto las garzas llegarán a hacer fiesta comiendo estos bichos dañinos.

Nuestra maquina no se movió por el potrero sobre cuatro patas como las vacas, pero si espantó insectos y otros animales pequeños, y eso es lo que come las garzas. Nos movimos más rápido que el ganado, y las aves tuvieron que despegar y volar a otra posición más adelante de la máquina siempre compitiendo por el mejor espacio. Había suficientes animalitos para dar de comer a todas. Otra vez, sentí que mi hijo me tocaba el hombro. “Papi, mire aquella garza con la rana. Es tan grande que no puede tragársela y las demás la persiguen tratando de quitársela.

“Que lindo. El quebrantahuesos acaba de llegar.” Chris se estaba refiriendo al caracara quebrantahuesos, nombrado así por su habito de llevar huesos de las presas a gran altura en el aire y soltarlos dejándolos caer encima de piedras para quebrarlos y luego aterrizar para comer la médula nutritiva que se encuentra en la parte central del hueso.

“Ahí. Mire a esa rata. Uh oh, aquí viene un halcón”. El gavilán chapulinero estaba bajando rápido en línea recta hacia la rata, dilatando sus alas y extendiendo sus garras. Pero la rata de pronto cambió de dirección y evadió el raptor. En ese mismo momento apareció el caracara, cayó, arrebató a el roedor aterrorizado y lo llevó a un área limpia cerca de los árboles y ahí se lo comió. El quebrantahuesos prefiere estar de pie en el suelo que estar posado sobre las ramas de los árboles. A menudo lo veo revuelto con los buitres comiendo carroña. El gavilán chapulinero no quedo con hambre. Otra rata salió huyendo y una garza la vio. Calculando que era muy grande para tragar, la garza simplemente lo pico duro encima

de la cabeza dejándolo herido y una presa fácil para el pequeño gavilán que de pronto lo agarró.

Arriba por el cielo observamos un gavilán bailarín flotando en el aire buscando alguna presa en la tierra. De pronto desplomó hacia el suelo y agarró una iguanita nueva y volvió hacia el cielo. No sé dónde fue para comérsela.

Hoy en día, todo lo que era potrero en Hacienda Barú es bosque secundario. Siempre hay garzas bueyeras, caracaras, gavilanes y buitres, pero mucho menos que en aquel entonces. Desde hace muchos años no veo ningún gavilán bailarín.

En el año 1990 dejamos de criar ganado vacuno en Hacienda Barú y permitimos que los pastizales se transforman en vegetación natural y luego breñones. Con el crecimiento del bosque la biodiversidad incrementó rápidamente y después de más de 30 años alberga muchas formas de vida que no existían en el tiempo de la ganadería. Y cuando veo una garza bueyera de las pocas que quedan siempre recuerdo ese día con Chris.

La Garza Bueyera

16 agosto, 2021 10:31 am

En el Tiempo de las Vacas Gordas

Por: Jack Ewing

Una linda mañana arranqué el chapulín, enganché la chapeadora y fui a un repasto lleno con maleza. Mi hijo Chris se sentó en el guardabarros del tractor. Primero cortamos una faja por el perímetro del repasto y luego continuamos dando vueltas. Mas o menos a la mitad  de la segunda vuelta Chris me tocó el hombro y señaló al cielo en dirección del manglar. “Mire papi, vienen las garzas”. Un grupo de garcillas bueyeras salieron de su típica formación de vuelo y descendieron, dilatando sus alas para aterrizar en la recién cortada vegetación, cerca del tractor.

En ese tiempo, a finales de los 70, éstas eran las aves más abundantes en Hacienda Barú. Su historia es fascinante. La garcilla bueyera es originaria de África. Los ornitólogos especulan que las primeras en llegar a las Américas fueron transportadas desde el otro lado del Océano Atlántico por una tormenta. Además, creen que esto podría haber ocurrido en varias ocasiones, pero hasta finales de los años 1800, las condiciones en el nuevo mundo no eran oportunas para las garzas. La primera observación oficialmente registrada fue en Surinam en el año 1877. Para aquel entonces había algo de deforestación y la creación de ganaderías en Sudamérica, y esto dio a las garcillas bueyeras la oportunidad de establecer una población viable. ¿En Costa Rica, para el año 1954 se realizaron las primeras observaciones de estas garzas?

¿Por qué son esenciales las deforestaciones y la presencia del ganado para la supervivencia de esta especie? Solamente necesita observar las garzas alimentándose para comprender la razón. El ganado vacuno y los caballos pastorean con sus cabezas abajo, moviéndose despacio por un pastizal y perturbando insectos dentro del pasto. Las garzas caminan junto con el ganado, arrebatando saltamontes, grillos y cualquier otro insecto grande, reptiles y

anfibios pequeños que huyen de los pies de los animales. Las he visto alimentarse de gusanos que atacan los zacates de los potreros. Los agricultores experimentados saben que, si los gusanos atacan las plantas de arroz, no hay necesidad de fumigar con insecticida, porque pronto las garzas llegarán a hacer fiesta comiendo estos bichos dañinos.

Nuestra maquina no se movió por el potrero sobre cuatro patas como las vacas, pero si espantó insectos y otros animales pequeños, y eso es lo que come las garzas. Nos movimos más rápido que el ganado, y las aves tuvieron que despegar y volar a otra posición más adelante de la máquina siempre compitiendo por el mejor espacio. Había suficientes animalitos para dar de comer a todas. Otra vez, sentí que mi hijo me tocaba el hombro. “Papi, mire aquella garza con la rana. Es tan grande que no puede tragársela y las demás la persiguen tratando de quitársela.

“Que lindo. El quebrantahuesos acaba de llegar.” Chris se estaba refiriendo al caracara quebrantahuesos, nombrado así por su habito de llevar huesos de las presas a gran altura en el aire y soltarlos dejándolos caer encima de piedras para quebrarlos y luego aterrizar para comer la médula nutritiva que se encuentra en la parte central del hueso.

“Ahí. Mire a esa rata. Uh oh, aquí viene un halcón”. El gavilán chapulinero estaba bajando rápido en línea recta hacia la rata, dilatando sus alas y extendiendo sus garras. Pero la rata de pronto cambió de dirección y evadió el raptor. En ese mismo momento apareció el caracara, cayó, arrebató a el roedor aterrorizado y lo llevó a un área limpia cerca de los árboles y ahí se lo comió. El quebrantahuesos prefiere estar de pie en el suelo que estar posado sobre las ramas de los árboles. A menudo lo veo revuelto con los buitres comiendo carroña. El gavilán chapulinero no quedo con hambre. Otra rata salió huyendo y una garza la vio. Calculando que era muy grande para tragar, la garza simplemente lo pico duro encima

de la cabeza dejándolo herido y una presa fácil para el pequeño gavilán que de pronto lo agarró.

Arriba por el cielo observamos un gavilán bailarín flotando en el aire buscando alguna presa en la tierra. De pronto desplomó hacia el suelo y agarró una iguanita nueva y volvió hacia el cielo. No sé dónde fue para comérsela.

Hoy en día, todo lo que era potrero en Hacienda Barú es bosque secundario. Siempre hay garzas bueyeras, caracaras, gavilanes y buitres, pero mucho menos que en aquel entonces. Desde hace muchos años no veo ningún gavilán bailarín.

En el año 1990 dejamos de criar ganado vacuno en Hacienda Barú y permitimos que los pastizales se transforman en vegetación natural y luego breñones. Con el crecimiento del bosque la biodiversidad incrementó rápidamente y después de más de 30 años alberga muchas formas de vida que no existían en el tiempo de la ganadería. Y cuando veo una garza bueyera de las pocas que quedan siempre recuerdo ese día con Chris.